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viernes, 11 de noviembre de 2011

Nuestras Manos

Mi mano se acerca a la tuya.
Reconozco cada falange,
cada huella digital
que tocó mi cuerpo
pero que se imprimieron en mi alma.

Recorro tu palma y tus dedos,
las pequeñas arrugas nada me descifran
y las líneas de la vida
me esconden tu secreto
pero lo acepto.

Dame tu mano e intentaré
curar tus heridas:
de amores pasados,
de orgullo hecho trizas,
de abandono paterno,
de haber callado lo más preciado.

Toma mi mano y ayúdame:
a esperar contra toda desesperanza,
a vencer el pesimismo
que me impone el cansancio,
las ausencias con su insomnio
a las palmas mostradas en rechazo.

Ahora te tomo con mis dos manos
y te acuno, mi bebé de dos años.
De desolaciones, de eso si sé.
Me desespero por volver el tiempo atrás
y así tal vez, evitar la cachetada de los afectos.

Ten en cuenta:
Mi mano no te suelta
que la tuya no se desprenda.
Compartamos la presión de una piel sobre otra,
de vida agrietada, transpirada o reseca.

Mañana: cuando no haya manos cerca,
no sucumbas por la angustia en la agonía.
Frota tus callos de años transcurridos,
sonríete y abre tus palmas.
Agárrate: tiraré de ellas.








Álvaro M. Pino Coviello

sábado, 10 de abril de 2010

UVITAS DE MI VIDA




Tus uvas negras me miran
llenas de picardía, alegría y profundidad.
Los resortes de tu cabecita se mueven
al compás del movimiento de tu espigada figura.

Ahí estás….
más cercana a dar un puñetazo
que ha recibir un cariño.
Pero sos mimosa
y todo tu poderío y fortaleza
se te escapa
en un segundo con un abrazo
y tu ternura envuelve
desde el cuerpo al alma.

Uvitas, uvitas de mi vida
tanto desee echar
raíces en esta tierra
que el sarmiento se llenó de frutos y de rulos.

Dos moras negras que me miran.
Dos uvitas negras que
reclaman mi ausencia
y se iluminan cuando me ven.

Las otras cepas se escapan,
entre enamorada y ensueño
y más no se podría pedir.
Pero vos me miras... brillo e inquietud de tus tres años
se esconden en los labios delgados
que se pierden mordiendo una sonrisa.

Uvitas de mi vida
se mueven de un lado para otro.
Uvitas, uvitas de mi vida
tanto desee echar
raíces en esta tierra
que el sarmiento se llenó de frutos y de rulos.

Cuando te da el sol,
se vuelve más dulce tu rostro.
y si se cruzan con mis ojos
una sensación azucarada
invade mi cuerpo para alimentar el aire de mis pulmones.

El negro justo de tu racimo,
en las mieles de la vida,
las guías enredadas
te hacen dura sin ninguna queja.

Uvitas de mi vida
de esta tierra bendita como la cafayateña.
Uvitas, uvitas de mi vida
tanto desee echar
raíces en esta tierra
que el sarmiento se llenó de frutos y de rulos.


Amarte sarmiento sabes que no es fácil
y tus raíces son más fuertes.
Pero al mismo tiempo sos una madera que arde,
no se consume.

Ay uvitas, uvitas de mi vida,
deja que tome tu bebida
y mi alma se embriague.


A tu sarmiento flaco y largo,
fuerte y añoso ¿quién se le atreverá?
Si estás enojada tus ojos no me dejan entrar.
De tus pepitas sale el bálsamo de mis heridas.

Uvitas, uvitas de mi vida
tanto desee echar
raíces en esta tierra
que el sarmiento se llenó de frutos y de rulos.


1, 2, 3 hijos cosechar,
segundos de eternidad
un buen vino a tomar
en mi camino regado de bondad.

A Delfina Anunciación de 3 años

domingo, 31 de enero de 2010

Velando tu sueño

Este es mi niño muy pequeño
que con apenas 3 años llegó a mi vida,
cuando duerme velo su sueño.
Ahí está y lo contemplo
y mi mirada lo cuida.

No tiene mis pestañas,
ni mi nariz, ni mi boca.
No tengo yo su esbelta figura
ni su abundante cabellera,
pero no lo cambiaría ni por uno ni por otra.

Jesús me lo ha confiado
en un arrebato de grandeza.
Yo me he amparado
sin ninguna pereza.

Con él se ha confirmado
el milagro cotidiano
de elegirnos cada día
para querernos y ser amado.

Porque a ser tu padre me he confinado.
Día y noche seguirán pasando.
En nuestra entrega de padre e hijo
nos habremos fiado.

A mi Maxi de ¿11, 12 años? que hoy tiene 17.

domingo, 12 de abril de 2009

Frío del Alma-Álvaro M. Pino Coviello

A mi hijo ausente

Este frío que siento no
se me va con nada,
es un frío de dentro,
es desde el alma.

Es el frío de Tita
al ver a su amor tan lejos
estando tan cerca.
Yo no tejo como ella,
pero si me acuesto, me tapo,
ninguna colcha
con su calor me calma.

Quien necesita
que la acurruquen
es el alma.
La pobre no tiene cuerpo,
ni materia, ni se abraza.
Pero su frío se siente hasta los huesos
cuando carcome en el alba.

Este frío que siento
no se compara con nada,
tal vez con el frío del muerto,
del cuerpo sin alma.

Ahora entiendo la expresión
“estar desangelado”:
Es el alma desnuda, descubierta,
sin la tibieza de los sentimientos,
por eso desangelado
se parece a congelado.

Este frío que siento
me lo llevaré a la tumba.
Es el frío que habrán
sentido las madres,
al tener un hijo desaparecido.
Esa falacia de significado
para decir: preso, torturado y
muerto, no velado.
Y como las madres,
yo no duermo
al saber que estás desaparecido
pero a veces es peor,
porque me cuesta reconocerte
cuando sos un aparecido.

No entiendo nada,
de lo que me trae este frío.
Me hace frío en la panza,
y el vientre se me pone duro
como si te hubiese parido.
Pero siento frío de una ausencia
que no tengo
pues soy hombre,
no tengo útero,
no he parido
pero haz partido.
Y me duelen los huevos
(esto sí que es muy mío)
de verme tan impotente
y lleno de hastío.

Vos también sentís frío
lo dice el chirrido de tus dientes,
tu cuerpo encorvado
de ausencias y de esperas
en el umbral de una puerta
que une nuestro mundo
con el tuyo anhelado
y con el paso de las horas,
te deja desangelado.

Te llenas de vacío
y el frío te invade.
Al saber que te congelas
quiero gritar para socorrerte
pero mi garganta se anuda,
mi aliento no calienta, ni da vida,
es solo una brasa consumida.

Te veo alejarte,
(ya el umbral no significa nada)
buscando ese mundo
que no te abriga.
Tu cuerpo tirita, siempre tirita,
ojalá sea solo de frío.

Este frío que siento
me lo llevaré a la tumba,
en el otro mundo
solo sabré si me tumba.

Este frío que siento
no se me va con nada.
Es un frío de adentro,
es desde el alma.