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viernes, 29 de octubre de 2010

Cuadernos vacíos, chela y Castro

Noche de Agosto, la puta que te parió, andate.

Ni la ventana se abre, ni aire se respira.
Ni pa´ festejar se encuentra ya por acá.

Se vuela hasta Ramón Falcon.
Se mete la maceta detrás de la muela y coquiamos tierra pero (de) enserio.

Noche de Agosto, la puta que te parió, pasa ya.

Frío mentiroso, calor de dos días. Sábana, frazada, y otra, pero, no tanto. Muchas comas, poco punto y coma.
Frío marrón y amarillo. Seca (de) enserio. Yo le creo, enfría y seca. Comprobado.

Noche de Agosto, la puta madre que te re parió, acabá.

¿Al menos dejó soñar? No, ni eso.
¿Al menos sugirió algo? Tampoco, ni vendaval, ni voz.

Noche de Agosto… de Solo Estar…

Digo, decía, voy a decir, que… Ahí bajaba, ahí subía, una palabra tras otra. Raras combinación de detalles que giran, tiempos de caucho. Bonito, sí. Y la reminencia, el olor todavía pegado. Ese cantar del título subrayado en tonito que llama. Gracias Manuel J., Gracias Polonia. Carajo que linda sorpresa. Como bebida pal ebreo, como agua en noche de crudo, queso y manteca.

Al final, Noche de Agosto, algo tenías.. quedate, un rato más. Que de ese arrebato, inesperado, algo tiene que salir. Que ya suena el agite desde adentro y (de) enserio.

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Bueeee.. no, no, no, no. ¿Eh? Salú che.

lunes, 24 de mayo de 2010

¡A VER MANUELITO!

Triste o muy solo
BlancaNieves de mañana recién levantado tarde en película animada; BlancaNieves que se acuerda al té laboral con previo aviso/invitación al círculo PRedondo; BlancaNieves tardenoche con la bandera de los prejuicios morales de la cruz roja, el piedrazo bíblico y las impericias cinematográficas de Uyuni Mil novecientos poco.

Te veo bailar al ritmo del tambor
En el medio, dos horas; que digo dos horas, seis meses de panza que va y viene, que retuerce, que estira, afloja, se contrae, respira, duele, duele, mucho, me duele mucho..
La cabeza te hace asustar. Ni sonrisa, ni nada. Lo que dura dos minutos se hace diez.
¿Salando las Heridas? No tanto, alguna que otra por ahí.

Esclavo y fugitivo
¡¡¡Goooooooooooooooooleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!

Tu Ritmo Alegre me contagió
Bailoteando rocanrol cuadradito por la calle que sospecha la alegría. De nuevo La Causa. Linda cucha para reforzar a pomelazo la cena de los dioses paganos andinos y el flan reglamentario, con dulce en vez de crema, ay ay ay, crema había pedido y no por burla, como cree, por mero gusto. Gracias, el dulce latía simpatía. La crema se amargó.

Mi piel tan blanca se tiñe de vos
Freddy me pidió que no me duerma, aunque a la vuelta la tenía de nuevo a Blancanieves. Tan buena, sólo la habilidad de saberse interesante entre tantos enanos. Pilla digamos. PRcírcular el día 23.

El cielo es Negro antes de llover
Noche de 4 am, un campeonato terminado. Mirar el techo, no se cae, ni Freddy te la cambia, ni la lucía clara la noche. Como si fuera el uniforme de la tercera centuria, seis días de 22 en la espalda, mojada, seca, vuelta a mojar, y vuelta a secar.
¿Cómo no dormirse así (si ese gato sigue allí) qué podría ser peor? No se come, no, no, no y chau.

En todo el mundo tu grito se escuchó
La Frase decía y repetía en lo más profundo de la Floresta Renga, Olivera y Falcón: Negra es mi Alma, Negro mi Corazón. Moreno. Bien, Negro. Así como a Franco aquella vez, Gracias Marco.


aauuuuuu auuuuuuu auuu auu auuu auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

lunes, 11 de enero de 2010

Agua

* Decí que uno es amigo

* ¿De quién?

* ¡Cómo de quién?

* …

* De La Piba de los Astilleros

* Aaahh. ¿De Cuál?

* ¿Importa?

* La verdá que no

* Claaaaa

* Pero… ¿Por qué lo decís?

* ¿Nunca viste el río Caseros al 1300?

* ¿Río?

* Increíble. Ahí en la esquina es un piletón. Del Turco salen los submarinos estamos hablando de canilla, canilla y media sobre vereda.

* ¿Tanto?

* Fácil.. y baja. Las lanchas me hacen acordar al Tigre.. Y siempre tenés un cagón viste.. que no se ve, que hay mucha agua.. Eso es lo lindo de la 100. Vos vas, y pasás, y vas y pasás.

* ¿Y qué hacías por ahí?

* Taba más facil de plantar.. parecía moda ya.

* jaja vos también..

* ¿De qué te reís?

* jaja, no de nada, de nada.

* Gracias, digo..

* Mirá mejor no digas nada.

* Venecia ¿Conocés?

* Si, la de los canales ¿Qué no?

* ¿Fuiste?

* Todavía no..

* Yo tampoco. ¿La llevo?

* ¿A quién?

* La Piba de lo…

* Ya te dijeron que no..

* ¿Y vos te pensás que le haría caso a ese Palomón?

* Tenés razón

* Claaaaa

* Y decime.. ¿A qué viene ella ahora?

* ¿Viene? ¡Milagro!

* ¡No! Ni Milagros, ni viene. Decía ¿Por qué la evocaste allá arriba?

* Ah, te decía: Venía chapoteando y me acordé.

* ¿De qué?

* ¡De los Barcos!

* Me imagino…

* Los Barcos de La Piba

* ¿A dónde estaban?

* Los tenía ahí.

* ¿Y te subiste?

* Claaaaaa
* Bien ahí.

* No de 10. Iba navegando, era el “Capitán Flint”

* ¿La de la plantada?

* ¡No! Va no sé.. digo, con ese Barco, timonel enfranjao, me faltaba el parche..

* Se te debe haber caído

* Hace rato largo payaso…

* Si vos decís..

* Mirá lo que son las cosas.

* Miro.

* La demora se originó por esa que es medio pez-medio loco. Esa que es todo agua, va en el barquito, está la pibita con el mapa en la espalda, el petrolero..

* Ya se cuál. Viste la parte del quilombo me imagino..

* Nah. Digamos que sí, al menos..

* ¿Y me decís que fue antes?

* Se, Te digo. Terminé zambullido, mojadazo igual que loco-pez.

* Ojo, igual nunca mató a nadie, no llorés.

* Nunca mató, menos con rocanrol al oído.

* De una..

* Pasa que son las causalidades que uno sospecha. Digo: al destino no le ganamos, pero se le puede dar una mano. ¿No?

* Para mi sí

* Claaaaa
* ¿Pero a qué te referís?

* Mirá: Veo agua, termino en un Barco… ¿te conté como es el barco?

* No ni un poco.

* El I…

* ¿Hay II? Es una flota

* Claaaaa

* El I

* Es el grande. Palo mayor al centro. Botabara complicada. Escora bonito a la menor ceñida…

* Epa.. ¡El Arca de Moisés!

* Se, un clásico, una maravilla..

* De 10.

* El alecito I

* ¿Y el II?

* Me lo guardo para otra lluvia…

* Te quedaste en las causalidades

* ¿Así?

* Se… Agua-Barco ¿y qué más?

* ¡Ah! Agua-Barco…

* Se

* Bueno, sí, por un lado esa…

* ¿Y por otro?

* Bueno… sería…

* ¡Ey! ¡Dale! ¿Qué te pasa? ¿No te aniomás?

* Ahora me río yo.. (Jaja, jeje, Ji Ji Ji) ¿ Adónde vas con ese apuro? ¿No aprendiste nada? El apuro no ayuda…

* Es que vos..

* Tiempo y ubicación…

* Andá.

* Decía: Agua-Barco // Barco-Remo

* ¡Sigue Remando!, como dice Juanse

* Parecido.

* De locos, los huevos de oro

* Y ni hablar del Dique a la tarde, los cornaie, el botebón, es la interacción plena con el elemento Agua este verano.

* Ahora que lo decís así, puede ser.

* Por eso te decía…

* ¿Qué de tanto?

* Eso, que es una suerte la Amistad

* Bueno Gracias…

* Eh. También, claro.

* ¡Ah! Con que refiriendote a…

* No se me enoje..

* No que va, si pienso lo mismo

* ¿Viste? Lo Que Genera…

* ¿II? ¿Lo Que Genera II?

* ¡III!

* Empate, local y visita

* Me suena…

* El Viaje

* El primer paso

* * ¡El Destino!

jueves, 17 de diciembre de 2009

Lo que genera..

La cuestión es básicamente la siguiente:

*

Aquí con mi hermosa compañera de delirios, pero de nada más, hemos tenido una larga y acalorada discusión acerca de la modalidad de platos más cómoda y conveniente. Tras convenir que el asunto podía pecar de amplio e impreciso, decidimos acordar conjuntamente una comida determinada, y como para navegar aun más en la fantasía provocada, quizás y seguramente, por el hambre, acordamos también una situación contextual como referente.

*
El plato quedó definido como Fideos a la bolognesa, mostacholes para ser exactos, con una salsa bolognesa espesa con el agregado de “grandes o medianas” rodajas de pesceto al horno. Definimos al tamaño “grandes o medianas” como el equivalente a una porción imposible de ingerirse de un solo bocado. Aquí el fuerte, la base de nuestra discusión. En cuanto a la situación, la ejemplificamos en: Noche; de almuerzo medio tirando a liviano (léase dos o tres empanada, no más) y con una tarde activa con dos horas y media de fútbol 5 picante o una subida, caminando claro, al cerro San Bernardo; para el caso es lo mismo.

*

Como le dije, el núcleo de nuestra discusión reside en el tamaño de las porciones del pesceto; calculamos tres porciones promedio por plato. Las posturas, la de ella y la mía, son contradictorias y claras. Mientras ella asegura que el plato playo es el indicado para disfrutar más y mejor la comida, yo, por mi parte, considero que el plato hondo es el que se aconseja utilizar en esos casos.

*

Aquí sus argumentos: El plato playo presenta una gran facilidad de maniobra de los alimentos. No existe borde alguno, o desnivel en la superficie de cortado y recolección que obstaculice el accionar. En un plato playo se puede calcular mejor la cantidad de comida a servir, ya que no existe ese “tramposo” resquicio, símil sótano oculto de una vieja casa de antaño. Y principalmente, en ese tipo de platos se puede cortar fácilmente el pesceto sin inconvenientes.

*

Mi opinión difiere mucho de la de ella. Eso es lo lindo, confieso, de discutir con mi compañera de delirios, de nada más. Creo humildemente que el hondo es mejor. Para empezar, recepciona mayor cantidad de salsa (aumentando la posibilidad de obtener otra porción de pesceto extra). Hace como una especie de pileta de salsa donde se pueden sumergir los mostacholes antes de ingerirse. Por otro lado, creo que los bordes y desniveles no generarían más inconvenientes que los que pudiera llegar a tener un simio para racarse la nuca con ambas manos. Ahí los dos puntos de vista.

*

Surgió otro tema. La idea de que habría que definir también que textura tendrían las porciones del pesceto, porque no es lo mismo una carne que se deshace con el simple pinchar del tenedor, que otra carne que requiere serrucho directamente. Convenimos una dureza media, fácil para el cuchillo, pero no al punto de prescindir de él.

*

Para contar exactamente la verdad, no hemos podido llegar a un acuerdo. Abandonamos la discución antes de hacerlo. Tanto me alegro, eso significa, y lo escribo en voz alta, que hemos destinado nuestros pensamientos hacia otro lado, en otro sentido, hacia otra dirección, pero por el mismo y adornado camino delirante.

martes, 8 de diciembre de 2009

Diciembre Ya

Qué me venís con relojes que se congelan..

Qué me venís con un mañana adornado..

Para qué andar preocupándose por lo inpronosticable?

*

*

Si después el cuento termina siempre igual: Taza Taza.

Ahí, te aseguro, te bajás tres termos helados y dos cajitas sonadoras en lo que te lleva un recuerdo. Además, ves como te explota el cachete y sentís chorrear por tu boca el verde que de amargo pasó a fiel.

*

*

Claaaaaaro, mirá a que fecha estamos hoy..

Cómo diría un amigo, cuando no, de momentos oscuros y circulares: esto es efímero, ahora efímero, cómo corre el tiempo..

Tic-Tac Efímero..

Luces Efímera.

*

*

Pero Te Creo..

domingo, 11 de octubre de 2009

El Bocha, Beto y el Loco Q. querido vagoneando en la transversalidad del Roca

Pasillo largo (desde aquí) te propones caminar. Oscuro de humedad que chorrea. Sólo una luz al final te invita.
Despeinado, siempre cerca del azul Francia sin boina y lejos del rojo moda antigua, no te detengas en detalles.
Aquella luz brilla, resplandece.

Pasillo poblado te prometes cruzar. Laguna negra con ojos desconocidos que se clavan no te producen temor.
Escuchás el diario y los alaridos de una armónica para tapar los pensamientos en voz susurrada de pared a pared de tu mente.
Y aquella luz aún brilla, aún resplandece.

Pasillo sofocante te aseveras sobrepasar. Algo extraño pasa allí, ya ni querés mirar.
Tu deseo se resume en una lluvia renovadora y el dulce de leche dorado que adorna el blanco a lunares.
Y aquella luz todavía brilla, todavía resplandece.

Pasillo eterno te gusta atravesar. Recuerdo análogo de Hudson, de Tolosa corre por las paralelas de la avenida que Chimichurri hace vía. Te parece lo mismo y te gusta.

Le hiciste caso: Que allá te irá bien, gritaba Beto.
Todos habrán volado, incluso aquella luz que Recién Brilla, Recién resplandece en el fondo del pasillo.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Viernes 19:22 hs

- ¿Pero porqué no te quedás? Hoy es viernes, viene tu hermano con una peli para que veamos juntos; además ¡el frío que hace!
- No puedo vieja, hoy hay que estar, y por el frío ni te calentés que en cuanto llegue ya entro en calor con la cantidad de gente que va a haber...
- ¿Vos decís? Mirá que pronosticaron 3 grados nomás...
- Si ganamos uno a cero me conformo.
- ¿Y no se está poniendo peligroso ya? El otro día...
- No pasa nada vieja.
- El otro día leí que había problemas en la barra y que se agarraban a trompadas en medio del partido
- Es saber dónde meterse y dónde no. Dónde pararse, de quién rodearse, además por cómo venimos si hacemos quilombo no nos conviene, yo creo que hoy va a estar tranquilo.
- ¿Y en qué te vas a ir hasta allá? Es tan lejos...
- En colectivo.
- Pero te deja como a 15 cuadras. No me gusta que camines por ahí de noche, toda esa avenida obscura, sin una luz..
- Va a estar lleno de gente yendo para la cancha, quedate tranqui que siempre me encuentro a alguien.
- ¿Y tu primos van? ¿Hablaste con ellos?
- No, no hablé. No sé si van, la última vez que fuimos juntos perdimos 2 a 1, mejor nos encontramos allá, y de última si no nos vemos mejor.
- No podés ser tan...
- ¿No viste la camperita para la lluvia?
- Está para lavar, buscate otra.
- Ni ahí, esa es ideal.
- ¿Enserio tenés tantas ganas de ir?
- ¡Claro vieja!
- Lo dan por la tele, ¡quedate!
- ¿Estás loca? Verlo por la tele es un garrón. Uno no puede hacer nada...
- Claro cómo si allá jugaras.
- No, claro que no juego, pero es diferente, uno siente cosas que la tele no transmite. Ese olor a vino del muchacho que salta de espaldas a la cancha sin entender nada; ese piso que se mueve como nunca cuando sale el equipo; ni hablar de los choris de la salida...
- ¡No comas eso!
- La tele te limita, no te deja ver más allá de un cuadrado que ni siquiera elegís vos. ¿Cuántas veces el camarógrafo se duerme y la jugada sigue sin que la puedas ver? Naah Si es cualquiera la tele; ponele que querés ver al lateral izquierdo nuevo, ese pibe que subió de las inferiores y que dicen que la rompe. Pero si no toca la pelota no lo ves, la tele no te lo muestra, no te muestra cómo juega sin la pelota, cómo sigue al 7 a todas partes, cómo se come los gritos de los viejos del fondo. No, ¡eso la tele no te lo muestra!. Ni hablar de la platea que a los 20 minutos del segundo tiempo ya le empieza a pedir al técnico que lo pongo al Moncho, vieja gloria si las hay. Y el pobre tipo no sabe que hacer, vos lo ves haciendo la entrada en calor, pispiando de vez en cuando al técnico que parece que no lo va a poner nunca hasta que PUM, le hace un gesto y el otro sale corriendo casi atolondrado sacándose los pantalones largos. Ese es un espectáculo hermoso vieja.
- No nene, no sé que me estás diciendo pero por la tele se ve más cómodo, se ve todo.
- ¿Todo? ¿¡todo?! No vieja... no ves nada. ¡Si los rechazos de los centrales siempre parecen que se meten por atrás del arquero! y después te das cuenta que la pelota se había ido al lateral a la altura de mitad de cancha. Eso es una bosta. La cantidad de cosas que se ven en la cancha ni de casualidad la ves por la tele, ni si quiera en esos programas nuevos que te pasan la tribunita, los jueguitos del alcanza pelotas pero después no te ponen los mano a mano que saca el arquero. No, a mi dejame con la cancha vieja.. ¡El 8! el 8 siempre entra por sorpresa por atrás. ¿Vos te pensás que lo enfocan en la tele? ¡Nunca! El encuadre sigue cerradito firme con el tipo que lleva la bola, ¡y ahí lo que tenés que ver es el área! ahí están los que entran, ahí ves cómo se pararon los defensores contrarios, el tipo que la tiene ya sé que la tiene y sé que va a tirar el centro. No vieja, eso la tele no lo pasa. Y la cantidad de veces que se queda Fito renegando en mitad de cancha con el 10 contrario por algún lujo excesivo. Esas cosas son las lindas, ni hablar de la gente que grita, que grita como loca, que te abraza en cada gol como si fuera un amigo de toda la vida. ¿Te conté esa vez que se largó a llorar esa pibita al lado mío? Pobre, no te imaginás cómo lloraba, desconsoladamente. Era algo emocionante realmente. Mirá no me hagas seguir hablando que llego tarde vieja...
- No nene, no llegués tarde a ver si hay problemas en la entrada después.
- No pasa nada. Va a estar todo muy tranqui muy lindo, la gente va a estar como loca. Uh si ya me lo imagino, los pibes de las trompetas tocando y tocando.... Además en la tele siempre te acomodan los micrófonos, ¿o vos te pensás que la hinchada que se escucha en el televisor es la que realmente está cantando en la cancha? ¡No!
- ¡Ay!
- ¡No! ¡Te suben el volumen de la hinchada que ellos quieren!, y no te lo digo por mi equipo ¿eh? El día que fui con el Vasco lo comprobamos con su hinchada. Mirá que no me caen nada bien pero hay algo que no les puedo negar, cantan y cantan más de lo que se escucha por la tele.
- Bueno pero en la tele tenés la repetición y en la cancha no.
- ¿Cómo que no? Si cuando vuelva a casa ya están dando el reporte deportivo. Y en la semana te aseguro que veo las jugadas tres o cuatro veces más.
- Si pero en el momento no la ves.
- ¿Y qué apuro tengo vieja? Mientras tenga alguien al lado para abrazar en cada gol estoy contento, después veo quién lo hizo. Además seguro que lo hizo Neira, quien si no...
- Dale nene que llegás tarde...

- Nos vemos vieja, nos vemos a la vuelta.

lunes, 13 de julio de 2009

Crema y Ricota // Salando las Heridas

  • Se Terminó.
un vago de mil caravanas a punto de quedar a pie..


  • Se Terminó el año más largo; y los minutos más fatales.
  • Se Terminó ese dolor de estómago; la cabeza que estalla, esas contracturas en la espalda y la extrema tensión en el cuello sin razón.
  • Se Terminó el insomnio.
todos te daban por muerto..


  • Se Terminó ese sin fin de saludos maliciosos:
salando las heridas..


  • Se Terminó cuando parecía Terminado.
gracias Franco



auuuuuuuu auu auuu auuu auuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

martes, 23 de junio de 2009

Lonas de agua - Ale J. Pardo

Febrero. Mira por la ventana abierta: llueve pero no hace frío. De calle, piensa. Calza las lonas de agua, aprovisiona dos mandarinas dulces (sin semilla) para el refrigerio estilo C.G.G. y a patear.
Desierto de domingo, ni Vicente autopista, ni el B, ni el A, ni la avenida parece despierta. Rocío en el rostro, las gotas en el Norte no pegan tan fuerte.
A la altura del Boulevard se deja llevar por el vaivén de una morena. Perico Galán. El semáforo que todavía le cuesta lo ayuda a seguirla con la mirada al menos 27 segundos más.
¡Pasaje! No, pasaje no. ¡Pasaje! ¿Pasaje? Pasaje no. Pero el olor al cloro llega y la Fresca aprovecha ese momento. Te Adoramos, dice la pared del club; ya no tanto. Por la 9 de Julio va y todo brilla. Hasta las gotas en los faroles nuevos. Arenales todavía se divierte con las historias de peinados raros que escucha a sus pies. Hermoso, 14 cuadras y todavía seco por dentro.
Barrio y calle, Caseros parece el Juramento, el Maldonado. Autos-lanchas surfean cada esquina. El Oeste es la Atlántida. El Almirante Brown se sumerge para no extrañar su pasado de agua salada. Por la causa, medialunas deja en la esquina. 30 cuadras, podría seguir un poco más. Apunta al Sur con convicción. Bien al Sur. Hace mucho que no visita al General.

Rosario, Tucumán, Termas, Garza, Rafaela, Sunchales, Rosario. Ramallo, duraznos al cajón por ocho pelucas, General Paz Riachuelo, Acceso Oeste, 25 de mayo (feliz cumpleaños) y el Barrio húmedo, pesado, pegajoso.

Larga caminata exige parada técnica. Los Pasajes lo llevan a un sin fin de caras. Petaca, ¿cuándo viniste? Juanfa feBrero de risa le niega transporte. Zocalli apura unas berenjenas y Jota Cruz, tenía razón, su hermana menor tenía futuro.
Su compadre lo cobija en su casa de historia escrita y siguen camino junto a el Rastra y su Pingüi Pingüino. Heladito de Palmeiras para el viaje. ¡Parque Chacabuco! Baldomero ajena, ¡Chimichurri Querido! Al centro, al centro.
Por Rivadavia derecho se llega siempre. 5560, hola Belén cómo creciste bonita. Almagro, Boedo, todos cuervos como Oni, como Ignatius; El Once con la Plaza Misserere ofrece lo que necesites al módico precio de la devaluada situación. ¡Hasta del África! Cerca, el Normal N° 2, de techos que se caen, reñidos clásicos con el A y de Cortazar por la noche.
Siguen. El Congreso, cómo dice ese fantasma, todavía apesta. Más allá Florida comienza y de fondo la plaza con su pirámide, sus pañuelos blancos de búsqueda, su fuente de recreo y todo lo demás dentro de una olla de porcelana con garrapiñada caliente, ideal para la ansiedad digna de BePa – Hey, hey, hey.
Hola General, su llama sigue encendida. Gracias General. No se fije en el rosa, no se moleste. Ya lo mataron una vez, no sea que lo maten de nuevo. Quédese mejor en su aposento bien custodiado. Mes respects les plus sinceres mon Général.

lunes, 20 de abril de 2009

Sentía lo Mismo (legado de Amor y de Sombra; Isabel Allende) Ale J. Pardo

Sentía algo muy parecido, por no confesar que sentía exactamente lo mismo. Realmente lo mismo, de día, tranquilamente levantado, con la ducha caliente cayendo sobre mi espalda.
Era domingo al mediodía de un sábado de lectura hasta tarde, nada más. Había dejado estratégicamente el final del libro para esa mañana en honor a la intriga que supo generarme la autora a lo largo de su relato. Diez, quince páginas pendientes habrán quedado reposando en el suelo junto a mi cama.

Isabel Allende era para mí sólo un nombre. No representaba una escritora que por el momento resulta agradable y astuta como zorro da la cordillera. No tenía ni idea de esa capacidad de dejar las situaciones tibiamente inconclusas para que tragara en menos de tres días De Amor y de Sombra.
La historia había llegado a mis manos luego de un viernes con demasiado tiempo libre. El recuerdo de un beso chileno, tibio y tímido pero dulce de alegría inclinaron la balanza a la hora de decidir la próxima lectura. A ver que pasa con esto. Desconfiado aventuré a leer la reseña de la contratapa. “Historia de amor” y en algún que otro lado mencionaba la palabra mediocridad (o un sinónimo igual de contundente) y dos nombres. Francisco, él; Irene, ella. No puede fallar.
Pasó el viernes y el libro iba bastante bien. Luego de un comienzo al cual tuve que darle una oportunidad más, llegué a un punto de la tarde en que una invitación fue imposible de rechazar. Ahí quedó, menos de un cuarto de libro de una historia que comenzaba a tomar forma, digamos mejor formita, ya que los verdaderos hechos todavía estaban alguna que otra página más adelante.
Entonces como no podría ser de otra manera la tarde tomó su curso de viernes de vacación. Aceleró su marcha y terminó espumante a las 6 am con un estómago cuidadosamente cuidado. Sábado, día del partido, y las ansias se hacían ver, o mejor dicho escuchar en las tribuneras canciones de impaciencia.
El día amaneció como cualquier otro, lo cual era un buen síntoma. Almuerzo, y esas inconfundibles ganas de seguir con aquella historia del país vecino que tanto parecía tener en común con la que alguna vez pudo haber vivido algún conocido. ¿Por qué no? Hoja tras hoja se fue desvaneciendo el libro en mis manos. Frase tras frase la autora dejaba en claro sus cuestiones de rechazo y repugnancia pero eso no me perturbaba. Ahí, entre tanta descripción cruda, tanto realismo triste, tantas ansias de final feliz había una historia apasionante que atrapa por sus idas constantes, por su paisaje social tan bien dibujado, por su proximidad alarmante: unos años y alguna que otra montaña de diferencia, nada más.
Esa tarde era el partido, efectivamente. La lectura se suspendió reglamentariamente y nada quedó dando vueltas en una cabeza que tenía por seguro que su equipo no quería ganar ese partido. Tan lejos había estado de su rendimiento promedio que desconfié de esos once jugadores y de ese técnico que parecía tranquilo. El desarrollo es anecdótico y poco entretenido, pero había algo que se aplomaba en el razonar de mi cabeza, la desconfianza.
Tantos embrollos y conspiraciones chilenas habían sacudido mi dosis interna de paranoia. ¿O era justamente todo lo contrario lo que me dominaba? ¿Era aquello o esto? Sentía lo mismo. Habían pasado varias horas de sólo lectura así que adjudiqué ese pensamiento porfiado a las tramoyas de la Guardia Nacional del país vecino. Claro, mi equipo no ganó, pero tampoco perdió y juzgando fríamente el resultado podía contentarme de no volver a ser tapa de diario, de no volver a caer en la espuma y el maquillaje de la televisión y su pronta desviación del objetivo que ese grupo de jugadores parecían tener bien en claro. Buen resultado que mermará los platillos y los reflectores pero que no podrá acabar nunca con los bombos y las trompetas.
Tras esa cena retornó la lectura. No había sueño a la vista y quedaba cerca de un cuarto de libro. Por su parte la historia atrapaba, y el amor ya establecido parecía complicarse pero para nada se veía amenazado de tantos y tantos peligros que lo rodeaban. Irene era hermosa, podía imaginarla a gusto y semejanza de quien quisiera y así lo hice. De eso se trata la literatura creo yo. Francisco pudo haber llegado a ser un buen compañero, aunque tarde o temprano habría de terminar enamorándome de su amada compañera, hermana, amante y amiga. Así que mejor que no los conozco.
Llegando al final, decidí parar. Dejé todo listo para terminar la historia por la mañana, mientras el fresco o el calor, entrara por la ventana y limpiara un poco el cuarto ahora mucho más oscuro y mítico que de costumbre.
A las nueve y cuarto sonó el reloj ARRIBA, FIRME CARAJO. Pero en un ataque de rebeldía digna de los Leal trasladé la hora de la alarma cuarenta y cinco minutos más allá en el tiempo. Tenía sueño realmente y quería seguir en el calor de la cama. Quizás ahora sí sueñe con la Irene real, la mía, la que dio vida a la Irene de Francisco. Nada de eso pasó. Al despertar oriné tranquilamente, me cepille vagamente los dientes y volví a la cama para terminar lo que había comenzado.
Antes de que terminara la historia que ya no me sorprendía mi hermano me preguntó lo siguiente de forma apresurada: “con quien hablabas anoche? A que hora volviste? No estabas con alguien a eso de las 4 am? Porque yo oí hablar a alguien. A una chica y pensé que estabas con alguien”. Le respondí de una sola vez que nada de eso había ocurrido, al menos que yo recordara. Con el transcurso de las horas del día, adiviné que esas voces eran de Francisco e Irene que descansaban en la terraza junto a mi dormitorio mientras yo les preparaba café caliente y algunos bollos tostados con manteca y dulce para abolir el frío cordillerano.
El libro terminó, me inundó un hambre voraz de algo. Comida, otro libro, otra historia, la parte que continúa, lo que sea. Estaba ansioso, mi cabeza se aceleraba y los pensamientos fluían uno tras otros. Siento lo mismo, repetí para mis adentros. Decidí bañarme.Bajo la ducha lavé mis brazos tratando de sacar la tierra de la maldita mina de Los Riscos. Pude ver como el agua amarrontada se iba despacio por la cañería y se mezclaba con los pelos inconfundibles de Evangelina. Maldije la dictadura, el proceso de organización nacional Nacional y lloré cuatro segundos por los Franciscos, las Irenes, los Leales, los Gustavos, las Beatrices, los chilenos, los argentinos, los pueruanos, los bolivianos, los... Ahí me dí cuenta. Siento lo mismo: El perro dormía bajo el haz de luz que le otorgaba el vació entre el techo y la pared, el agua rebotaba con ritmo en mi espalda y se acoplaba sin inconvenientes a la música de la ducha en su totalidad. El viento fresco entraba por la ventana y salía por la puerta abierta dando un escalofríos dignos de doña Hilda. El jabón era parte de mi mano como yo de la bañera como el baño de la casa y como esta del barrio, para ponerle un fin meramente narrable y sobre todo, soportable. Sentía lo mismo. Estaba excitado y no de calentura ni de amor, de alegría quizás, de algo, de algún fuego sagrado que había nacido otra vez por la delicia de comer lectura de enrome sabor y atrapante textura.

martes, 30 de septiembre de 2008

MALDITO CAÑO BLANCO - relato de AlE J. Pardo

Ni lo dudé. Ni siquiera aparté la mirada para ver si alguien me lo impedía o me lo reprochaba. En ese momento sólo escuchaba mi deseo más profundo que iba y venía en mi cabeza, en mi corazón. Ni ese increíble calor y esa euforia incontrolable fueron registrados por mi inconsciente. Mis sentidos se bloquearon. Sentí un leve mareo pero mis piernas no hicieron caso al mandamiento de mi cerebro y comenzaron a correr. Estoy seguro que mi cabeza exigió imperiosamente que me quede donde estaba. Que no me mueva más, porque hasta mi salud estaba en juego. Enfoque mi destino y por sobretodo mi objetivo. En esos ochenta metros visualicé todo. Me imaginé una historia en la cual yo era el protagonista principal. Por un momento sentí que no llegaba, que iba a desistir. Pero de ningún lado, saqué las fuerzas para llegar. No me dio tiempo para acomodarme, apenas pise ese, hasta entonces, campo maldito, llegó el lanzamiento. Puede ser que el sol no se haya hecho presente esa tarde, porque mis ojos se le clavaron exactamente, y la recorrieron desde su comienzo hasta su fin: mi cabeza. Avancé dos pasos hacia delante y salté. Salté como nunca antes en mi vida lo había hecho. Me sorprendió la fuerza que tuvieron mis propias piernas, luego del esfuerzo que habían realizado en los casi cien minutos anteriores. Tomé la precaución de no apoyarme en nadie. Me vi sobre el resto, incluso de mis colegas. Ahí supe que era mía, que no se me podía escapar. Pero no era tan simple. Faltaba lo más importante: la dirección. El impacto se produjo en mi parietal izquierdo. Tuve la suerte, ya que no era mi intención, de que se dirigiera al lugar más desabitado. Allá, atrás, al fondo. Todo era tal cual lo había imaginado segundos antes. Pude ver como dos brazos no llegaban, como caían al suelo antes de contenerla. Vi al fondo de todo una incontable cantidad de rostros ya resignados que demostraban una tremenda tristeza y dolor cual duelo prematuro. Sentí pena por ellos, sabía que también habían dejado todo, como nosotros. Pensé que quizás estaban más exhaustos que yo, pero en el fondo no me importaba, es más sentía una pequeña sensación de goce. Cuando ya nada podía borrar mi sonrisa, y mi sensación, cual orgasmo amoroso, llegaba a su punto máximo, apareció ella. Famosa por sus únicos cuatro dedos. Los chistosos, con cierto mal gusto, decían que ese muchacho iba a ser soltero para siempre. El sabía que no era lo correcto, pero no le importó y provocó el fatal desvío. No lo podía creer. Su mano me había ahogado el grito que comenzaba a escaparme de la boca. Estaba cayendo cuando la ley sonó su silbato y señaló la mancha blanca que no se me encontraba tan lejos. Esos rostros del fondo que habían abandonado todas sus esperanzas, cambiaron. Algunos sonrieron, festejaron alegres y locamente la infracción. Otros se vieron incluso más preocupados. Aquel hombre bajito y luchador, como un prócer de la independencia, me dedicó la carcajada más macabra de mi vida. Me tendió su mano de cuatro dedos y se fue alegre, como si fuera un visionario, un vidente o el mismísimo aprendiz de Notradamus.
Por mi mente no pasó otra cosa que ser yo quien asumiera la responsabilidad. Y así fue. Escuche el aliento de compañeros, y muchas palabras sin sentido provenientes del otro lado, las cuales, tenían como único objetivo alterar mis nervios. Pasaron creo que dos minutos hasta el momento de ejecutar. Nunca, en mi vida, había sentido que el tiempo pasaba tan lento. Puedo decir que estaba nervioso, sí y mucho. Pero no lo aparenté para nada. La agarré con ambas manos, la llevé a mi boca y la besé. Tuve tiempo de rogarle que entrara antes de colocarla en el bendito-maldito punto blanco. Mis oídos se cerraron, ya no escuchaban más que el fuerte latir de mi corazón. Mil caras y gestos se me hicieron invisibles... Tenía bien claro mi intención. Sea como sea, saqué la fuerza de donde no estuvo nunca. Tenía que hacerlo fuerte, con alma, corazón y vida. Al erguirme de nuevo miré al frente. Una mano me señalaba un rincón. Caminé tres pasos para atrás sin darme vuelta. Pensaba en nada. Quizás en fuerza, violencia, no más. Cuando escuche ese sonido agudo, emprendí mi carrera con definidas intenciones de festejar. Mi rostro demostraba tranquilidad y seriedad, pero no todo eso era cierto. Mi mirada no se apartó un segundo de la redonda. Impacte con violencia. Con alma, corazón y vida; y más todavía. Ni yo me cría capaz de tener tal poder. Mi rival se tiró suavemente a su derecha y por su cara, que expresaba una total frustración, me imaginé lo mejor...Nunca en mi vida había escuchado tal estruendo. Y no había sido la gente quien lo provocó. Aunque diez minutos más tarde, según dicen, sus gritos se escucharon hasta muy, muy lejos... Caí de rodillas al ver como volvía en dirección a mí pasando sobre mi cabeza, pero con una diferencia de dos metros de altura. Las miles caras de enfrente se reían, festejaban, suspiraban y se burlaban de mí con insultos, muchos de ellos infantiles. Miré por última vez ese rectángulo. Arriba, al medio, pude ver la marca de mi violencia sobre ese caño, ese maldito caño blanco.

martes, 1 de julio de 2008

Saberes Chicos por Ale J. Pardo

Ahí está. El poderoso tiene la palabra. Sabemos que las ballenas nadan en contra de la corriente, por la disposición de sus aletas frontales… ¡Bravo! Del saber vienen las grandes personalidades. Olvidémonos de todo lo demás. Desde hoy (desde no sé cuando) el saber controlará el respeto, la aceptación, la posición, la admiración. Pobre de aquel que no sepa. Bendito quien tiene la palabra, divina.

Anochecer de un día cualquiera, un grupo de individuos comparten miserias ajenas sin preservarse. Escupen complejos propios despersonalizados o corporizados en el ajeno. ¿Quién da más? Como en una subasta se reparten el odio de los impacientes comensales. Todo el mundo quiere cocinar, nadie comer. Todos son Dumas, nadie uno mismo.
El saber todo lo cubre. Todo lo transforma en lo único. Es totalmente abarcativo y nefasto dominador. No por su propia naturaleza noble, importante, jerárquica y común, sino por la utilización que recibió a lo largo de los años. ¿Quién sabe más? Que nos cuente. Y si no sabe, que lo figure como tal. No es necesario escuchar ambigüedades o supuestos, ya pasó esa época. Camino a la tumba de los sentimientos y la valentía parece dirigirse el hombre con ese pensamiento.

Es más fácil, podría pensarse. Más fácil hablar de saber que de Amor. Más fácil hablar de saber que de odio, que de preocupaciones, que de miedos. Más fácil e incluso más llevadero. Para miserias tenemos las ajenas que son siempre más fáciles de recordar y hacer recordar. La valentía del Amor queda marginada a los tontos melancólicos, los sensibles. De eso no se habla en ningún lado. Amor no existe. Cosa pasajera. Insignificante. Como si fuera un dato nos referimos al Amor ultrajado y temido. La pureza de un sentimiento único queda relegada por una nueva contienda, un nuevo entretenimiento, una nueva musa (de presiones internas, deseos exaltados y temperaturas elevadas hablo) ¿Será miedo a enfrentarlo, real desinterés profundamente triste, falta de conocimiento, rechazo, o qué otra circunstancia? Fácil sería saber la respuesta. También irónico.

Los saberes importantes se transforman poco a poco en enfermedades. X resulta ser un loco por saber cómo disponían de sus riquezas los primeros burgueses ingleses, gracias a qué medio productivos tuvieron su primer impulso, quienes fueron sus principales enemigos, a quien vencieron, etc. Pero Y es realmente admirado por su conocimiento en el arte de repetir lo adquirido en no más de cinco minutos reloj. ¡Diario!

De saberes chicos vive el mundo.

sábado, 21 de junio de 2008

Mocosita - Speech de Ale J. Pardo

Seguimos pasando de largo sin mirar al del al lado. Falta de tiempo o exceso de temor. Temor que controla sin rodeos la expresión. Temor que recluta cada día más obedientes soldados. Temor que deja pudrir a la intemperie las relaciones humanas.

Y ni siquiera vos, que aun no pasaste tu primer cuarto de hora te salvás.

Vas por el día y la noche agitando tu resignación. Creyendo y diciendo que ya no hay nadie quien pueda devolverte la sonrisa que no hace mucho supiste tener.

Pero mocosita mía, no salgas ahora con eso de que ya no hay nadie. No te mientas asimilando la calumnia de la soledad. Tampoco caigas en la vulgar estrategia de miniaturizarte. Si recién comenzás a despertar esos sentimientos que pueden darte la compañía. Compañía suave y tranquila que realmente puede querer lo que llevás dentro, lo poco haces reflejar por ese fuera.

De una buena vez por todas vencé el miedo que te aleja de lo desconocido. Errar resulta humano y nunca es tarde para enmendarlo de un portazo.

Ese que espera el colectivo ahí al costado, mirando como tu pelo le falta el respeto a tu boca puede ser. Ese que grita los goles ajenos a cambio de una pizca de tu simpatía, también puede llegar a ser. Y no te olvides del que por las tardes, cuando nada había en tu cuerpo más que aburrimiento, solía agarrar el teléfono y esperaba escucharte reír. Ese, como todos, puede ser la mitad que falta. Así que ¡Atenti Pebeta! No te vayas a dormir

Así que Ya no digas “mamá, yo quiero un novio”
Así que ya no digas que sos valiente, por lo menos hasta que ese terror a conocer gente nueva desaparezca de una buena vez por todas, y ya nada te impida demostrar quien realmente sos.

Así que cuando decidas dar ese paso, pensá que ese que está ahí al frente puede llegar a estar pensando en ahora vos.



Tema: Selección de tangos de Aníbal Troilo: Y no puede ser; Barrio de tango; Mi tango triste.